Aniversario del Golpe Militar: “Los Lapices y sus Noches”

Sergio Alcázar

Anoche soñé con manos golpeando puertas en un país gobernado por el fantasma del miedo y…..allí había botas,  no como las que usaba ese gato que nos transportaba a un mundo mágico, en ese triste lugar, botas era sinónimo de prepotencia, represión, comunicados, uniformes, falcón color verde y sí hacia falta algo; más represión.

Como era un sueño, las cosas tenían un toque de irrealidad, me encontré contra mi voluntad sumergido en una fantasía impuesta por los caprichos de una tiranía enferma, me repetían desde el atrio del poder que todo lo hecho era en pos del bien común y bajo la consigna de ese mensaje de tono patriótico encarcelaron en una celda común a la rebeldía, censuraron con una mordaza la opinión y prolijamente colocaron una venda a toda esperanza de justicia.

No servia de nada gritar porque no había oídos dispuestos a escuchar, la marcha militar era la música que mejor le asentaba a los autores del genocidio, trate de despertarme pero me fue en vano, no lo pude hacer y tuve que acostumbrarme a entender sin entender que lo contrario al régimen era subversivo y que el toque de queda era la excusa para que pudieran jugar al juego que mas le gustaba: la tortura.

Seguían golpeando puertas, cada vez mas cerca, mientras en las calles a cada rato desaparecía alguien porque todos eran peligrosos o sospechados, los centros clandestinos de detención se convirtieron muy pronto en un lugar de moda, y eso que eran sombríos cuarteles donde se tejía sin descanso las ropas de una atroz maquinaria de dominación.

Hoy 43 años después, aun siento resabios de ese sueño, borrosas imágenes casi difusas ya, que me llevan de nuevo a cruzarme con la tristeza sin fin de los que padecieron la noche de los lápices, con el sabor amargo de la infatigable lucha de valientes mujeres en plazas pidiendo por hijos y nietos, me asusta recordar a generales de gesto adusto, repletos de soberbia y arrogancia.

Puedo agradecer que estoy despierto, que ya se termino la pesadilla, puedo darme el lujo de mirar hacia atrás y darme cuenta que eso no fue en realidad un sueño, que existió un país así, que los desaparecidos no son ni serán la ilusión cuantitativa de una mente trasnochada.

El dolor provocado no tendrá jamás fecha de vencimiento, por eso para que de una vez por todas haya un “nunca más” no alcanza con el eterno pedido de  “ni perdón ni olvido” , el único camino posible para no volver a sumergirnos otra vez en las tinieblas de una dictadura, solo pasa por mantener activa por siempre y para siempre, la memoria.

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