Banderazo, ruidazo y un comunicado: “Los rebrotes de la grieta”.

Desde que se hizo pública la posibilidad de expropiación de la empresa Vicentin, se generó una rápida respuesta de una parte de la sociedad que llevó a masivas manifestaciones contra la iniciativa del gobierno. Es preciso recordar que en tiempos de pandemia los habitantes de la Argentina tienen exacerbada la  sensibilidad, estando el espíritu mucho más susceptible producto de los efectos que provoca la impiedad del aislamiento obligatorio.

Sergio Alcázar

El epicentro del reclamo en contra de la intervención de Vicentin se dio primariamente en Reconquista y Avellaneda, extendiéndose más tarde a otros lugares del país e instalando nuevamente posiciones extremas, en donde desaparecen los grises y las consignas se vuelven difusas, porque en esas marchas se reviven las férreas posturas antagónicas y los odios que alimentó desde siempre la política nuestra, reactivando con dureza la grieta, esa a las que todos piden cerrar,  pero que los propios argentinos nos encargamos en mantener latente, partiendo al país en dos.

Solo hace falta un motivo para activar la lógica de los dos bandos, y en los últimos días, hubo dos: los casos de Vicentin y la muerte de Fabián Gutiérrez fueron los que dispararon las mas disímiles reacciones, primero en los sectores mas radicalizados  y luego por contagio, en muchos ciudadanos que dejándose llevar asumieron como propias las consignas que invitaban a volcarse a las calles para concretar una expresión conjunta y pública, impulsadas por un enojo supuestamente compartido.

Las redes sociales resultan un  poderoso instrumento para la propagación de ideas y de sus causas,  solo hace falta vehiculizar correctamente el mensaje para que la convocatoria haga el resto. En los cimientos de estos reclamos siguen habitando viejas proclamas de campaña,  reeditadas convenientemente en pos de lograr algún rédito político a futuro, lo que justifica muchas veces, la vehemencia en las críticas y en las acusaciones que los espacios esgrimen con firmeza,  tratando de fijar sus inamovibles posturas.  

Nadie asumirá la responsabilidad política de hacerse cargo de las manifestaciones, la experiencia sobre el tema nos revela que siempre toda demanda popular esta incitada por algún sector politizado, que instiga- a veces sutilmente-  a la gente a salir a la calle en defensa de aquellos valores que hay que defender. El Banderazo o el Ruidazo, representan  multitudes movilizadas que forman parte de las caras de una misma moneda, dependiendo en que lado estés de los intereses, la reacción estará orientada hacia el apoyo o el rechazo y empujada casi siempre  por la conveniencia.

De un lado y del otro se manifiestan para defender sus convicciones,  pero esta vez, lo hacen imprudentemente en medio de una situación de emergencia sanitaria,  la masiva presencia de personas en un mismo lugar es al menos temeraria, pues el riesgo de propagación del Covid-19 se vuelve un peligro latente,  mas aún, si los asistentes a estas movilizaciones no toman los mínimos recaudos de prevención, los barbijos y el distanciamiento social, casi siempre brillan por su ausencia.  

La muerte de Fabián Gutiérrez fue otro de los hechos que le devolvió la identidad a la grieta, las circunstancias en las cuales perdió la vida el ex secretario de Cristina Kirchner motorizó a algunos “popes” del espacio “Juntos por el Cambio” a emitir un comunicado en donde calificaron el crimen como de “extrema gravedad institucional” que es lo mismo que definirlo como un “crimen de estado”. Algunos dirigentes de la ex Cambiemos salieron a apoyar el escrito, otros lo catalogaron de imprudente y el resto prefirió tomar distancia de la fuerte denuncia. 

“No podés salir a decir que es un crimen político y que después termine siendo otra cosa. Quedamos todos pegados”, se sinceró un alto dirigente del PRO. Hasta Horacio Larreta– cada vez mas en las antípodas del pensamiento de Macri y Marcos Peña- dejó en claro su pensamiento al respecto, en consonancia con Maria Eugenia Vidal, expresó que el contenido del comunicado fue apresurado. Contrapuntos hacia fuera y dentro de una fuerza política que ya empieza a mostrar disidencias, que cada vez se hacen más evidentes a la hora de establecer las estrategias de su política partidaria.

En Santa Fe, como era de esperar, el comunicado encendió las posiciones antagónicas dentro de Cambiemos en la provincia. Para Federico Angelini la iniciativa del partido fue la correcta y la justificó diciendo: “Cuando uno es parte de una coalición no puede demorar el debate como uno quisiera, la Coalición Cívica y el radicalismo insistían con salir lo antes posible y así se sacó el comunicado”. Para Roy López Molina en cambio el escrito fue temerario y que debió ser de “otro tono” y agregó. “No me preocupa tanto que se trate de un error de comunicación sino que sea una estrategia basada en el convencimiento, lo que se publicó en ese comunicado”. 

Parado en el otro lado del mostrador de la política vernácula, el oficialismo respondió con munición gruesa  a la acusación del frente “Juntos por el Cambio”. El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero recogió el guante y sin titubeos expresó que “la sola idea de que el Gobierno nacional tiene responsabilidad es, definitivamente, repulsiva”. Una de muchas expresiones que desde el gobierno acusaron abiertamente al sector mayoritario de la oposición de querer sacar provecho electoral del lamentable hecho. En el Frente de Todos no hubo diferencias entre los dirigentes al momento de manifestar su enojo por el comunicado publicado por el espacio que tiene a Macri como principal referente.

La pandemia del coronavirus y su cuarentena obligada llevó oportunamente a aletargar las reacciones de la clase política, los cuidados de la salud durante un tiempo corrieron del escenario a las disputas partidarias, pero fue suficiente un par de hechos polémicos para encender las divergencias en nuestra dividida sociedad, solo hizo falta que la situación de Vicentin o el crimen de Fabián Gutiérrez se convirtieran en dos “cartas” a jugar para instalar otra vez el “odio”. Evidentemente esta claro que para algunos actores de la política buscando conservar sus estadios de poder les conviene que sigan apareciendo “nuevos brotes de la grieta , para de esa manera justificar su existencia y el sentido de sus luchas- cimentadas muchas veces-  a contramano de los intereses del pueblo que juramentaron defender.

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