Clasico Rosarino: El miedo a perder le ganó al fútbol.

Todos los que pateamos alguna vez una pelota y formamos parte de algún equipo de potrero, sabemos el valor de ganar un clásico de barrio, el hándicap que otorga sentirse por un rato el dueño del lugar, con el fútbol superprofesionalizado pasa lo mismo, pero con un aditamento que complica la idea, el miedo a perder es a veces más fuerte que el deseo de triunfo.

Algo de eso se vio ayer en el clásico rosarino, más allá de las ganas expuestas por ambos entrenadores a priori del partido de querer llevarse una victoria, poco de eso se vio en el campo de juego.

El encuentro tránsito por los carriles lógicos que genera la importancia del partido y de los miedos escénicos que conlleva, tanto Newell’s como central saben muy bien que ganar el clásico acomoda el resto de la temporada, le da ese empujón que permite trabajar más tranquilos y de paso establece un puente para tender pactos de respeto con el hincha.

En ese escenario de sensaciones encontradas de una lado y del otro salió un encuentro previsible, anodino, sin vuelo futbolístico. Mejor Newell’s en el primer tiempo, con intensidad en el despliegue, eso sí con poco circuito de fútbol de aquellos que juegan en la lepra, léase Figueroa-Formica-Maxi, y con Central respetando a rajatabla el libreto de Bauzá, orden y más orden en todas sus líneas, sin mucha generación de juego porque Leonardo Gil y Allione no pudieron encontrar nunca sus lugar en el mundo del partido.

Solo un cabezazo de Leal que resolvió muy bien Ledesma se puede anotar entre las cosas rescatables que dejó la etapa

El segundo tiempo fue más de los mismo, mucho respeto y cuidado por lo que haga el rival, con sutiles aproximaciones a las áreas de ambos equipos, poquito, casi nada para un clásico que tenía un marco imponente en las tribunas y vacío de contenido dentro del campo

El cero a cero, promediando el segundo tiempo, parecía el resultado de un pacto de caballeros que habían convenido no agredirse.

Todo iba hacia un final anunciado,  hasta que algo cambio, producto del cansancio de los jugadores de Newell’s y de los cambios que hizo Bidoglio que no gravitaron en el juego.

Central llegaba más entero al final del partido. Las inclusiones de Lovera y Herrera en el canalla inclinaron la balanza del trámite, se le brindaba la posibilidad de ganarlo y fue a buscarlo, lo tuvo Lovera, también Herrera y Pablo Becker y siempre respondió Aguerre, que en diez minutos se convirtió en la figura indiscutible del partido.

Tres atajadas determinantes permitieron que Newell’s sumará al menos un punto.

No hubo tiempo para más, el silbato de Diego Abal de pobrísimo partido, marco un nuevo empate.

Los hinchas de la lepra se fueron del estadio masticando bronca porque querían una victoria, pero como se dio el último tramo del cotejo el empate no es un mal resultado.

Central lo pudo ganar al final pero se encontró con un inexpugnable Aguerre. La crónica del partido contará que nuevamente un clásico rosarino terminó en tablas aunque esta vez fue más evidente que el miedo de perder le ganó por goleada al fútbol.

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