Cuando informar depende de que otros te dejen.

Este Portal tendría que estar detallando en una editorial el momento que atraviesa la política de Santa Fe en la previa de las paso del 28 de abril, explicando puntualmente como los candidatos están en modo slow, haciendo  lenta y aburrida su participación en campaña, evitando confrontaciones con opositores, y sobretodo tratando de no cometer errores que le puedan costar perdida de intención de votos en el electorado.

Lamentablemente, La Voz de Rosario, en las últimas 48 horas estuvo fuera de servicio, las recurrentes explicaciones de los especialistas sobre estas continuas interrupciones nos manifiestan que este problema no es para nada usual, que no se explican porque la base de datos fue desbordada otra vez, para luego confirmarnos que todos los indicios llevan a pensar seriamente que fueron producto de ataques “distribuidos de denegación de servicio”.

Nuestro deseo de informar de forma independiente vuelve a estrellarse contra los sutiles muros de la censura, genera impotencia no poder impedir este tipo actitudes, que transcienden la casualidad para llevar a convencernos que tienen su razón en la causalidad, no aceptar las reglas de juego como tampoco ser funcionales a los intereses del poder, tiene un costo, el cual, estamos pagando con creces.

Jamás adulteramos una verdad, la contamos solamente, eso nos otorga la tranquilidad del deber periodístico cumplido, aunque sabemos muy bien que la información genera susceptibilidad, aceptación, negación y rechazo. En cada uno de esos estados encontramos el sentido del porqué  informar, y sabemos muy bien que también se crean situaciones que atentan contra el derecho de la libertad de prensa.

En el duelo obligado por estar fuera de la red por un tiempo bastante prolongado, con los perjuicios que eso provoca, nos permitió meditar y analizar más profundamente el contexto en el cual desarrollamos nuestra tarea. Existen un sin fin de medios virtuales afines a espacios políticos que jamás pasan por este tipo de inconvenientes, este dato nos lleva de regreso nuevamente al paradigma de la casualidad o causalidad de los hechos.

En la sala de espera, mientras aguardamos el momento para volver a ejercer el periodismo independiente, nos persigue una idea, casi como una obligada letanía, el poder trabajar sin condicionamientos, sin padecer este tipo de atropellos, y en una época donde los políticos y partidos se cansan de  exponer fojas de servicios impecables, capacidades incomparables,  como así también “virtudes” y  principalmente “valores”, que a veces,  no nos identifican ni representan, simplemente,  porque no son los nuestros.

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