El oficio de ser papá…

De chico tenia la impresión de que ser papa era un oficio muy difícil, una misión imposible que nos encomendaba la vida en la escalera del crecimiento. Mi viejo fue un tipo de pocas palabras, supe mas tarde que sus silencios me entregaban cosas, también sus ojos y sus gestos eran mensajeros del cariño y de la compañía necesaria cuando los miedos se empecinaban en conquistar mi soledad de niño.

Sergio Alcázar

El viejo fue el modelo a seguir, imitarlo era como intentar parecerse a ese jugador que nos deslumbraba en los tiernos años de la infancia, ser él era consumar en los campos de la fantasía la gambeta más vistosa o hacerse acreedor del  gol del campeonato hecho en el ultimo minuto de descuento con dos jugadores menos. ¿Eso es ser papa? me preguntaba entonces  y era nomás, porque cuando el tiempo te va haciendo mas papa que hijo uno empieza a darse cuenta de todas las cosas que te hacen falta para recorrer con éxito ese camino que ya fue recorrido.

Papa será por siempre esos pasos sigilosos a las 4 de la madrugada que escapaban de la casa para ir a la fabrica cuando la noche seguía siendo noche  y que nunca se le escuchó un reclamo ni una queja. Porque él como nadie naturalizo el sacrificio y encontró allí la mejor forma para expresar su afecto.

Aprovecho este día cargado de sentimentalismo para decirte que fuiste esa caricia discontinua al paso, dada como de compromiso, recuerdo con cariño aquella caída tuya de la silla por gritar un gol de Kempes en el mundial 78. Voy hacia atrás en el tiempo  y me encuentro  contemplando tus manos curtidas por tanto esfuerzo, pude entender allí que en tu obstinada parquedad eras capaz de preguntarme cosas sin preguntar, de entregar ternura sin expresar demasiadas emociones, y estuviste ahí en cada momento, como ese soldado que cuida que nunca se apague la llama en un monumento patrio.

Supe muy bien que  no permitiste  jamás que me faltara un plato de comida, un cuaderno nuevo, un par de zapatos,  él dame dos pesos para los soldaditos o el dame tres para comprar  las figus.

Y descubrí mas tarde que así son los viejos, los de antes y también a su manera los de ahora, porque  cuando te toca el rol de padre te encuentra sin querer haciendo la  vigilia al pie de la cama por un cólico o por unas líneas de fiebre, te ves montado en un traje de orgullo al ver a un hijo con el disfraz de conejo en la fiesta del cole y acompañando al nene en los primeros pasos con la pelota.

Eso es ser papa y ahí me sentí un poquito mi viejo y compartí con él la misma preocupación, esa  que nos tiene ocupados para  que a nuestros hijos nada le falte,  para que sean felices.

Para que él  pueda cumplir con los sueños que a nosotros nos quedaron truncos, para que estudie y para que sea sobretodo, una buena persona.

Uno en estos tiempos vive corriendo  y en el frenesí de ser padre uno se olvida un poco de ser hijo y en este día en que los sentimientos hacen muy bien en pasarnos factura,  te confieso papa que te extraño mucho, que me quedé corto al no decirte mas veces “te quiero viejo”, y quiero que sepas que no lo hice, un poco por pudor o otro tanto por culpa de una tonta rebeldía adolescente-

Porque por ser niño o por ser adulto, a veces,  no se es justo con la vida y eso me obliga hoy a pedirte disculpas por mis deudas de afecto,  y aprovecho la ocasión  para darte gracias eternas por lo que me has  dado durante tanto tiempo. En tu figura y en tu recuerdo quiero homenajear a todos los padres,  que tendrán sus propias historias para contar, para  ellos y para vos viejo espero que tengan un feliz Día del Padre.

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