Libertad de prensa: Esa maldita costumbre escarlata


Escarlata es un color intermedio entre bermellón y carmín. A un nivel más específico, es una coloración roja viva (es decir, bastante saturada) que corresponde al color producido por el antiguo colorante textil.


Además, «escarlata» se aplica a cierta tela lujosa de ese color, y al color de la misma. Específicamente, se dice que son «escarlata» aquellos tejidos que han sido teñidos con carmesí, es decir, con un tinte de color rojo intenso derivado del quermés o de la cochinilla, y generalmente mordentado con alumbre.


El Capitán Escarlata fue una serie televisiva británica de ciencia ficción, que utilizaba marionetas como protagonistas. El argumento relata las incidencias dentro de una agencia internacional (Spectrum), cuya misión es frenar el intento de venganza de los marcianos, que usarán diversas estrategias para derrotar a los terrícolas.


Los primeros párrafos de esta imperceptible, insignificante e intrascendente columna de opinión son a modo de explicación de lo que sucede diariamente en la ciudad de Rosario, como así también en la provincia de Santa Fe con los medios de comunicación que son críticos a la autoridad de turno.


También vale la aclaración que tanto el pigmento Escarlata, como así también, el mismísimo Capitán Escarlata, tuvieron su minuto de fama o momento de gloria. Pero hoy en día solo son un mero recuerdo de lo que fueron o pudieron llegar a ser.

Podríamos denominar que la crítica es aquella reacción u opinión personal sobre un determinado tema, generalmente, los seres humanos, a través de las críticas manifestamos no solamente nuestras opiniones personales sobre los temas, sino que además juzgamos, la belleza, fealdad, maldad o bonanza de una persona o cosa.

Pero no solo hay que ver el lado negativo o positivo de la misma, también hay que cuestionar el accionar del que fue criticado. Hoy por hoy se viven tiempos virulentos en la política rosarina y santafesina a la hora del accionar al crítico en cuestión.

Y digo esto porque el proceder dictatorial e intimidatorio hacia el que piensa u opina distinto es sin miramientos, pegan donde más duele y buscan coartar la palabra y el derecho a la libre expresión.


Se presiona y aprieta laboralmente cuando lo que se enuncia o escribe no es funcional a sus causas. Y lo hacen, impiadosamente, acallando las voces que osan ocupar la vereda opuesta a su ideología partidaria.


Esto forma parte de un pensamiento dicotómico y podríamos definirlo como una tendencia a clasificar las experiencias de acuerdo a un propio concepto de categorías opuestas, todo o nada, bueno o malo, perfecto o inútil, sin gradaciones solo con polaridades.


Así son las cosas en el frente, te invitan a pasearte por un boulevard de dos carriles, donde elegís ser piola y mostrarte de la mano de la rubia por la ciudad o quizás, te copa más ir hablando de bueyes perdidos con el pelado amigo de la provincia, y si no aceptas el convite, quedas fuera de concurso y ni siquiera te dejan seguir participando.


Pero no siempre todo es como en la Antigua Roma, Panem et circenses (literalmente «pan y circo»), y así se describe la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas un alimento y entretenimiento de baja calidad con fines asistencialistas.


Las marionetas solo fueron un efímero éxito televisivo en la cadena inglesa ITV de los años 60. Nada más que eso.

Y si, hoy tienen la caja y pueden adornar la escenografía a su gusto y criterio, solo queda un pequeño interrogante a develar que pone en peligro su plan, saber si la seguirán teniendo bajo su tutela, más adelante…

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