Fabi Cantilo alegró la novena tarde de aislamiento con música, anécdotas y homenajes

Son las 17.30, el canal oficial de YouTube de Fabi Cantilo empieza a transmitir en vivo y en directo, y el enfoque deja ver una parte del living de su hogar, escenario elegido por la artista para sumar su “Casapalooza” a la lista de recitales virtuales que buscan hacer más llevaderas las tardes en tiempos de cuarentena por la pandemia de coronavirus.

La imagen permanece inmóvil: el encuadre que prefirió la cantautora deja ver una mesa de arrime, algunas velas encendidas, dos estatuillas de buda y una de Jesús, una foto en blanco y negro de su abuela, Esther Pueyrredón, y un cuadro con la portada de su más reciente disco, “Cuna de piedra”.

La anfitriona se viste en esa sintonía, con un vestido azul verdoso y afirma que “estamos en tiempos de guerra”. Se sienta frente a la cámara, apoya el mate y el termo sobre la mesa, agarra la guitarra, y cuenta con humor: “No tengo ni idea cómo es esto. Aprendí sola. No los veo, pero bienvenidos”.

La luz del ambiente es tenue. En vez de empezar a cantar, ella se pone de pie, desaparece del recorte y vuelve a asomarse, busca el ángulo del lente, chequea el sonido, se ubica en el centro de la pantalla, se arrodilla y recita “La gran invocación”, una plegaria de fe que dio a conocer la inglesa Alice Bailey en 1945 y que se tradujo a más de 80 idiomas.

A lo largo de casi dos horas, recorre canciones y las anécdotas detrás de las canciones, elije los temas que las 12 cuerdas de su guitarra le permiten. La calidad de la imagen no es buena, tampoco del sonido; sin embargo, Fabi sabe compensar las dificultades técnicas con audacia, humor y calidez. Conoce cómo entretener. Los espectadores disfrutan de ello y se lo transmiten a través de cataratas de comentarios por la plataforma.

La artista, carismática por naturaleza, hace del recital una tarde entre amigos, con mates de por medio, chistes y risas de sus pifies, mostrando -sin tener conciencia de ello- sus fortalezas, agradeciendo a sus colegas, a la gente que la abrazó durante estos siete años de recuperación y compartiendo también sus tristezas con recuerdos de su familia y de su gata Luna, a quien le escribió un tema que tituló de esa manera, .

Entre esas historias, la música narra la de “Cuna de piedra”, canción que escribió pensando en sus ancestros: “Es nacer en un momento tremendo y bancar lo que venga. Después uno renace y se convierte en guerrero”, dice y se la dedica a sus tíos y abuelos, que fallecieron en un accidente de avión dos meses antes de que ella naciera.

También recuerda la realidad detrás de “Brujos”, de “Hijas del Rigor” (2007): “Estábamos con Fito (Páez) de gira por Brasil cuando nos enteramos de que un loco había entrado a su casa y había asesinado a su abuela, a su tía y a la mucama, que estaba embarazada; y cuando llegamos a Buenos Aires encontramos que en la pared de la casa que teníamos alguien había escrito ‘fuera perra’”.

Fabi cuenta que compuso esa canción sobre todos los “brujos que siempre están” y hace pública la admiración que tiene por Fito: “Por esa razón y por muchas otras, Fito ‘chapeau’. Yo vi su fortaleza y es uno de los mejores músicos que tenemos, gran escritor y gran persona”, enfatiza la artista sobre la situación que a Páez lo llevó a escribir “Ciudad de pobres corazones”.

El disco “Hija del rigor” también le trae otra anécdota. Su presentación se realizó en el teatro Coliseo: “Fue la última vez que me presenté ahí y fue un papelón. Me habían medicado y había dormido poco”, relata con humor y regresa en el tiempo, porque en esa misma sala se había presentado años antes con su grupo de rock teatral Bay Biscuits, “con las que -remarca- también fue todo un despelote”.

Fabi cantaba desde los siete años, pero esa fue la oportunidad para que Charly García se acercara a ella. Así comenzó su relación: Grabó las voces para “Transatlántico art-decó”, canción que Charly incluyó en “Pubis Angelical” (1982). “Es mi maestro. Él me hizo entrar al rock. Gracias Charly porque vos me abriste la puerta, pero no sé si la cerraste”, esboza y entona “Eiti Leda”, canción que ella plasmó en “Inconsciente colectivo” (2005).

Entre los homenajes, la rockstar entiende cómo transformar los ambientes y concatenar las palabras para traer a su abuela al presente con “Zamba para toto”, inspirada en sus últimos días, y también ponerle voz a “Zona de promesas”, una canción que Gustavo Cerati le ofreció cuando ella buscaba temas para grabar sus discos.

“En ese momento no me la creía nada, después me di cuenta de que podía y publiqué ‘¿De qué se ríen?’. Ahí hice lo que quise, y me hicieron mierda. Pero los brujos no pudieron”, rememora la compositora sobre el sexto disco que contó con el videoclip de “Júpiter”, canción que la convirtió en la primera cantante argentina en ganar un premio MTV por Mejor video femenino.

La voz de Fabi recorre las letras de “Solo me tengo a mí”, “Superamor”, “Meteoritos”, “Tiro de gracia”, “Ya sé que hacer”, “Destino marcado”, “De una vez” y se despide con “Ya fue”, pero antes llama a respetar la cuarentena y agradece al universo por estar viva, a la gente que la contiene todos los días y a los espectadores por haber compartido la tarde con ella.

“Estoy contenta con esta parte del encierro porque puedo hacer todo por mi cuenta. No sé si este virus fue creado o no, ya está, ahora hay que cuidarse. Quédense en sus casas y no sean egoístas. Es increíble como las grandes catástrofes se dejan ver las almas de las personas”, reflexiona antes de despedirse.

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