La grieta: “Un cisne negro al que se teme”

La pandemia por el Covid-19 (ya es tiempo de ascenderlo a 20) modificó cada uno de los escenarios de la vida cotidiana en el mundo. La política no quedo excluida de ese contexto en continuo movimiento, dividido en fases, donde los políticos hacen equilibrio permanentemente intentando poner a salvo sus gestiones y sus imágenes, ante la avalancha de problemas que deben hacer frente a diario.

Sergio Alcázar

Este particular momento sumergido en los temores al contagio del virus, con las camas criticas en los hospitales de toda a provincia al borde de la saturación y con la economía boqueando a causa de las restricciones. Los espacios políticos – principalmente los que calzan la camiseta de la oposición – empiezan a jugar con el agotamiento y el cansancio de la gente para sacar algún rédito a futuro para sus causas partidarias.

En Santa Fe continúan moviéndose las piezas del tablero político de cara a las intermedias del 2021 donde preponderantemente se buscará quedarse con las bancas a Senadores Nacionales que estarán en juego y que concitan la más apetecible presea a lucir. No solo se trata de acceder a un escaño en la cámara alta del congreso nacional sino algo más significativo,  dejar un mensaje hacia el 2023 donde volverá a estar en disputa el poder real en la provincia.

Para Miguel Lifschitz (La Voz de Rosario anticipó hace más de 8 meses que iba a ser candidato) todo indica que entró en cuenta regresiva para oficializar su participación, y puso ya manos a la obra para preparar el terreno para su próximo objetivo: convertir la venidera contienda electoral en una gran PASO. El ingeniero sabe que de salir triunfador se le allanará el camino hacia la gobernación de la provincia, principal meta que persigue su intervención en las intermedias del 2021.

El presente de Juntos por el Cambio oscila entre el “humor” de dos figuras fuertes del espacio en la provincia. Federico Angelini y Rodrigo Roy Molina, quienes no tienen previsto fumar ninguna pipa de la paz para zanjar sus recurrentes diferencias, que por estos tiempos, resultan irreconciliables. Los nuevos brotes de la grieta nacional generan expectativas en el espacio de poder llevar adelante otra gran elección en Santa Fe. El concejal rosarino y José Corral se anotan para encabezar alguna lista nacional, veremos lo que trae el tiempo….

La estrategia de crear un Frente de Frentes parece haber perdido un poco de fuerza en el ultimo tiempo, un juego a varias bandas que necesita de voluntades comunes y de intereses compartidos. La brecha que sigue latente en la sociedad entre el peronismo y el anti peronismo hizo replantearse a los dirigentes mas encumbrados de la ex Cambiemos sobre la invitación para construir esa estructura. En el Pro están convencidos que un nuevo escenario de posiciones políticas antagónicas a nivel nacional puede favorecer a los candidatos del espacio en la provincia como ocurrió en las dos ultimas elecciones, esa razón los hace sentirse, por ahora, autosuficientes.

El dilema que siempre sobrevuela a las elecciones intermedias pasa por saber si se vota el valor del candidato o a las estructuras políticas. ¿Cuánto seduce un nombre propio al momento de introducir el voto en la urna? Un ex gobernador expresaba oportunamente a este medio que la seducción que ejerza un aspirante a un cargo para captar el acompañamiento de votos dependerá de cuan instalada esta la grieta nacional al instante del comicio. Sin esa coyuntura social extrema, las posibilidades de los partidos que están fuera de los bandos en conflicto aumentan de manera exponencial para realizar una gran elección.

El Frente Progresista puede quedar preso de esa circunstancia puntual, Lifschitz sabe que si la grieta es feroz como en las últimas elecciones nacionales, sus posibilidades de éxito se verán acotadas. Deberá decidir el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia si asume o no el riesgo de poder quedar atrapado en un escenario electoral volátil, si se polariza la elección vera diluirse su poder de fuego, haciendo retroceder sus perspectivas de triunfo. Esa incertidumbre es la que hace que aun no haya confirmado o blanqueado su asistencia a la justa.

El espejo retrovisor que los candidatos empiezan a mirar

En las elecciones generales del 2015 en Santa Fe la grieta generó que un candidato que gozaba de altos porcentajes de aceptación en la sociedad terminara tercero. Macri ganó esas generales con el 35,30% del electorado, Scioli sumó 31,17% y Massa quedó relegado a un tercer lugar con el 24,81%. Las posturas extremas de ese momento en la sociedad dinamitaron todo sueño presidenciable del tigrense.

En los comicios del 2017, intermedias sumergidas en un clima de posiciones políticas antagónicas llevó a que las estructuras partidarias pesaran mucho más que los valores de los candidatos. Un desconocido -para la opinión publica – como Albor Cantard ganó esa elección con el 37,78% de los votos, segundo fue Agustín Rossi del PJ con un 25,85% de los sufragios, tercero Luís Contigiani representando al socialismo que solo cosecho un 14,63% de acompañamiento en las urnas. La grieta descalzó de apoyo al Frente Progresista, que no pudo revalidar el caudal de votos que usualmente suele acompañarlo. 

El peronismo apuesta a hacer valer el hecho de ser oficialismo, mientras decide si Roberto Mirabella y Maria de los Ángeles Sacnum  representan al espacio para los cargos en el senado, mira de soslayo lo que hace el resto. Si la grieta goza de buena salud al tiempo de las elecciones sabe que será un mano a mano con Cambiemos. Quitarle protagonismo a Lifschitz es la primera premisa, mas allá del resultado electoral del 2021, la preocupación en ciernes en el PJ esta anclada por lo que suceda en el 2023 porque si esperan seguir ocupando el sillón del Brigadier López, una derrota del ingeniero despejaría el camino para que así sea.

Mucho tendrá que ver el estado de los mandatos del gobierno nacional y provincial al momento de las elecciones para saber si el derrame de confianza del electorado hacia sus representantes en las diferentes listas en el comicio, será realmente efectivo. La pandemia y la economía son los dos grandes desafíos que las administraciones de Alberto Fernández y Omar Perotti tienen por delante, el resultado de sus gestiones al respeto redundará o no, oportunamente, en apoyo en las urnas.

El santafesino ha dado reiteradas muestras de sus particularidades cuando sufraga, y siempre lo hace guiado por las señales que les entregan la razón y las emociones en tiempos de campaña. En todo escenario donde se instala la polarización salen a flote sentimientos encontrados, ahí se vota mucho por  odio, por bronca, por simpatía, por castigo o por fanatismo. Cuando se elige un candidato por estar a favor o en contra de una causa, los que pierden son los partidos que quedan atrapados en el medio, sin importar el prestigio y el reconocimiento que tengan sus candidatos. Falta bastante tiempo y como en el ideario de la política santafesina nunca dejan nada librado al azar, los estrategas en cada análisis empiezan a prestar mucha atención a la evolución de la grieta porque nadie quiere que al momento de la decisión popular se convierta en ese cisne negro al que se teme.

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