La “vieja política” va por la caja de una cooperativa

Es una lógica de la vieja política ir – cuando se puede- por la caja de gremios o de cooperativas para acceder al “botín” que permita hacer campaña. El armado de toda estructura de un espacio necesita, inevitablemente, de recursos de dinero para hacer viables sus iniciativas.

Hace un tiempo que la cooperativa de Puerto San Martín atraviesa por una problemática situación que tiene en vilo a los trabajadores portuarios,  allí el sindicalista Herme Juárez construyó un imperio de poder político, gremial y económico que fue frustrado, oportunamente, por el accionar de la justicia.

La inminente salida del interventor Roberto Pasqualino, y la llegada en su lugar del dirigente del PJ Daniel Sorrequieta exponen la intención de un sector de la política de hacerse del control de la cooperativa. Detrás del cambio en el control de la entidad asoma la figura de Gerardo Rico, dirigente santafesino del Movimiento Evita, quien ni lerdo ni perezoso posó la atención en el conflicto gremial.  

El antecedente que descubre la intencionalidad de Rico de tener acceso a la caja de la cooperativa fue el arribo de Alexandre Roig, dirigente allegado al referente del movimiento a la conducción del INAES, un organismo que posee poder de definición en el conflicto de la cooperativa.

Roig en el comienzo de este 2021 ya tuvo un encuentro con un grupo de trabajadores portuarios que solicitaban la normalización de la situación de la cooperativa, con sus consiguientes reclamos y pedidos de intervención y un urgente llamado a elecciones.

Los trabajadores apuntan proponer al INAES un mecanismo parecido al que se aplicó en el Sindicato del Puerto (SUPA), con una mesa colegiada que permita que todos los sectores estén todos adentro pero sin preeminencia de ninguno hasta conseguir la regularización de la institución.

Las permanentes manifestaciones y la amplia cobertura mediática que tuvo este hecho dejaron al descubierto la importancia de lo que esta en juego. Con la presencia de Sorrequieta, el movimiento Evita logra instalarse en un lugar de gran valor estratégico, sobretodo porque en él subyace un negocio millonario, al que por lo visto, se pretende acceder.  

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