Los boqueteros que entraron a Brinks tardaron poco más de dos horas en romper la medianera

“Nos hicieron un trabajo de inteligencia, conocían el movimiento de mi casa”, dijo una de las víctimas que vive en la vivienda lindera por donde ingresó la banda”.

A los boqueteros que ingresaron anoche en la empresa Brinks, ubicada en Presidente Roca al 2700, les llevó poco más de dos horas abrir a golpes un agujero en la pared para llevarse un botín todavía no confirmado. Así lo comentó Guillermo Algañaraz, docente jubilado y dueño de la casa de pasillo que los delincuentes tomaron como base de operaciones para trabajar tranquilos y abrir el amplio orificio en la medianera.

“A las doce o doce y cuarto se fueron todos. Yo vivo solo con mi hermano. La puerta estaba abierta porque estaba esperando a mi hija nos venía a visitar con mi nieto. Se ve que conocían el lugar y que hicieron trabajos de inteligencia previo. Detrás de mi hija se metieron los delincuentes”, contó Guillermo con un dejo de amargura mientras trataba de juntar los escombros que dejaron los delincuentes al abrir el hueco en la pared.

La banda que actuó en la casa de Guillermo para acceder a Brinks, a la que se ingresa por un pasillo de unos 20 metros, estaba compuesto por al menos cuatro o cinco hombres que demostraron contar con un plan bien determinado, con roles precisos y, sobre todo, buenos modales. El dueño de casa confirmó que él, su hermano, su hija y su nieto quedaron a merced de los hampones, pero que en ningún momento fueron hostigados con violencia ni les robaron nada.

Delincuentes de trato respetuoso

“Nos trataron muy bien y nosotros hicimos todo para que no pase nada malo. Esos tipos no eran improvisados y lo demostraron por el trato que nos dieron y por la forma de hablar. Era gente bien hablada. Además tenían mi billetera con 2.500 pesos arriba de la mesa y la dejaron”, recordó Algañaraz.

Banda de cinco o siete integrantes

Una vez que la banda irrumpió en la casa de los hermanos Algañaraz, las víctimas fueron encerradas en una habitación. “Nosotros estuvimos en contacto con dos personas que nos costodiaban y que se iban turnando. En un momento me pidieron las llaves de un portón que sale a la vía del ferrocarril y vi que había cinco personas más. Calculo que habrían sido siete los integrantes del grupo”, contó a El Tres.

Asimismo, recordó que los delincuentes estuvieron abocados a la apertura del agujero entre las nueve y media de la noche hasta las doce. Los delincuentes habrían llevado sus propias herramientas, pero también utilizaron algunas que pertenecen el hermano de Guillermo, que trabaja en la construcción.

Si bien los delincuentes trataron con respeto a las víctimas hubo un momento de tensión extra. Guillermo confió que eso ocurrió cuando los golpes que le daban a la pared para abrir el boquete llamaron la atención de una vecina de los Algañaraz. La mujer le pegó un grito a Guillermo, preguntando qué eran esos ruidos. Ante eso, los ladrones le pidieron a Guillermo “por favor” que le mintiera a su vecina y dijera que estaba arreglando un caño roto. Así fue y el plan de los hampones llegó al final sin contratiempos.

Nos dejaron atados. Después de que se fueron, estuvimos más de media hora hasta que pudimos liberarnos. Nos llevaron los teléfonos. Yo pude salir a la calle, pero con las manos esposadas, para pedirle a alguien llame a la policía”, añadió. Se presume que la banda salió por la parte trasera de la casa de los Algañaraz que se comunica con las vías férreas que corren paralelas a las calles Gálvez y Virasoro.

Guillermo logró que un taxista que pasaba por el lugar viera lo que ocurría y se detuviera a ayudarlo y así llamar a la central del 911. Según testimonios relevados en el lugar, la empresa Brinks contaría con vigiladores permanente, pero al parecer este fin de semana con el feriado ese sistema de control no se había dispuesto.

“A mí me hicieron un trabajo de inteligencia porque los delincuentes sabían que vivíamos mi hermano y yo solo. Se sorprendieron cuando vieron a mi nieto. Uno de ellos se preguntó ¿por qué tanta gente? Fue casualidad que llegaba mi hija con mi nieto. Sino nos hubiesen agarrado sólo a mi hermano y a mí. Pero conocían todos los movimientos de la casa y cómo salir por el costado“, remarcó Guillermo.

El vecino admitió que prácticamente no pudo pegar un ojo en toda la noche. La policía estuvo hasta las 6 o 7 de la mañana realizando las medidas de rigor para buscar pistas sobre los delincuentes.

Fuente: La Capital.

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