Neurobiopolítica: Las emociones no nacen, se hacen

Un cuerpo entre el caos y el laberinto

Me decís que sentías la existencia de un Estado que te protegía en muchos ámbitos de tu vida. Me decís que confiabas en una red sobre la cual podías caer y que esa red no sólo aguantaría tu peso, sino también alertaría de tu caída y alguien, un alguien confiable, te preguntaría: ¿Estás bien?

Te dicen que “eso” no es protección sino control, que no es cuidado sino deseo de apropiación de tu alma. Y entonces se te genera un sentimiento de temor, un desentendimiento al que le decir neuronal y te tocás la cabeza. Buscás las palabras. Miedo a la desprotección, miedo a enfermar, miedo a no tolerar el caos que estás viendo a tu alrededor, a que el caos externo se haga caos interno. Me contás de tus ganas de dormir. (Parecería que en este tiempo el miedo se siente como ganas de dormir.) A veces te digo que el cansancio es ese deseo impostergable de querer organizar el caos, ese caos del que no se habla. Nadie se da cuenta del caos?, preguntás. No hay nada más caótico que no considerar el caos. Pero el caos precisa, a veces, más caos para que un mundo nuevo surja, y tu cuerpo se implica de varias maneras en este comentario. El mundo de nuevos vínculos que te abracen, que sostengan una nueva creencia, una nueva confianza en que todo irá a mejor. Todo es todo. Entonces pensás: dormir para soñar.

Ahora decís que se trata de un laberinto, de un cuerpo que busca abrigo, pero el laberinto está a la intemperie, igual que el alma sudamericana. Ahora el temor es respiratorio, es polvo. Como sucede en los laberintos de Borges: “De estirpe de pastores protestantes y de soldados sudamericanos que pusieron al godo y a las lanzas del desierto, su polvo incalculable soy y no soy”. (Jorge Luis Borges)

La plasticidad del cerebro

Como terapeuta corporal, me sorprendo: nunca en la historia el cerebro tuvo tanta prensa. El hallazgo que marca esta escalada en la actualidad de su historia filogenética es la comprobación de su plasticidad hasta límites insospechados. La conclusión a la que se arriba es que el cerebro es una estructura abierta, desarrollada durante millones de años y que aún continúa modificándose, pero que ahora esa plasticidad es cuantificable, mensurable por las nuevas tecnologías. Esta plasticidad que se adjudica al cerebro nos permite afirmar que algunas premisas con las que nos manejábamos en psicología, en pedagogía y otras prácticas han perdido vigencia. Ya no podemos asegurar que algunos aprendizajes que los niños no incorporaron en sus tres primeros años de vida marcarán su destino, ni que hay daños psicológicos (violaciones, abandonos, enfermedades, etc.) que tendrán efectos irreparables.

La evolución privilegió la supervivencia del organismo en la dirección de una mayor percepción de la realidad exterior y de un ajuste de las respuestas motoras. Ahora numerosas investigaciones se orientan a cuestiones del tipo: ¿existe el libre albedrío? ¿es posible dirigir las elecciones de las personas conociendo mejor el funcionamiento del cerebro? Interrogantes biopolíticos.

Leo en una nota que ya tiene algunos años “El director del instituto alemán Max Planck para la investigación cerebral, Dr. Wolf Singer, afirmó que desde el punto de vista neurobiológico, el ser humano carece de libre albedrío, ya que el cerebro es el encargado de tomar las decisiones. El ser humano se diferencia de los animales por su capacidad de decidir, sin embargo, para los científicos que se encargan del estudio de los procesos cerebrales, la idea del ‘hombre libre´ es cada vez más difusa.

"El negocio de los publicistas es crear metáforas que el cerebro disfrute y permita que la persona se enganche inmediatamente", sostiene la autora de esta nota..“El negocio de los publicistas es crear metáforas que el cerebro disfrute y permita que la persona se enganche inmediatamente”, sostiene la autora de esta nota..

El neuromarketing y el sueño del director de orquesta de las conexiones neuronales

La Biopolítica nos enseñó a agudizar la observación de los fenómenos sociales conectados con las relaciones de Poder. El filósofo Michel Foucault investigó el Control Social a través del mecanismo del Panóptico -estructura arquitectónica que permite a una persona observar a una población, como sucede en la cárcel, en la escuela, en el manicomio. A posteriori de esta idea, el filósofo nos alertaba sobre “el control por estimulación”, que es más o menos de lo que vengo considerando. Claro también se refiere al Biopoder, la capacidad humana para contrarrestar estos sistemas. Con Foucault hemos aprendido que nuestra atención debe estar alerta a las transformaciones del Control Social… y tal vez todavía no registremos algunos formatos que se producen en los lejanos páramos a los que nuestra imaginación no ha podido llegar aún.

La Neurociencia, la neuropolítica, el neuromarketing. Se ha avanzado mucho en la investigación del funcionamiento del cerebro y así surge un conocimiento que creo romántico además de marketinera: la convivencia de los pensamientos y de las emociones. Aquí sólo daré ejemplos de ideas que aportan algunos estudiosos del neuromarketing que asesoran no sólo a empresas sino a la política dicho este término en toda su amplitud, esto no desvaloriza los descubrimientos que aportan a la salud, a mejorar las condiciones de vida de la gente, a afinar los métodos de enseñanza, etcétera. Está más bien referida a algunos usos de esta información.

Cito textual: “Si no persuades no comunicas, si no estimulas no seduces. El negocio radica en saber qué conecta y qué hace feliz al cerebro. Persuadir es encontrar el link que hace que la gente se conecte con determinado objeto”. Estas ideas del neuromarketing, que se aplican a otros campos “neuro”, son descriptas por Jurgen Klaric, un especialista que ha desarrollado diez “neuroinsight”, así los denomina.

Algunos de ellos: La neurociencia usa lentes para observar lo que mira la gente. El valor del misterio emocional: el misterio vende, conecta. Si no sé cómo es realmente, yo creo una imagen a mi conveniencia. Si se pierde el misterio, se pierde la conexión emocional positiva. Sencillo gusta más. El cerebro se rige por formas básicas. Confusión es igual a rechazo. El exceso de elementos genera confusión. La anticipación basada en aprendizajes previos conecta neurológicamente, la publicidad que insinúa un beso en lugar de aquélla que lo muestra explícito. Nuestro cerebro recibe mejor las formas curvas y redondas, esto viene de la relación de la naturaleza que nos rodea. Búsqueda de lo tangible: el cerebro tiene la necesidad de recibir cosas tangibles, el instinto biológico humano requiere poseer, tocar, sentir, el elemento simbólico aterriza con el producto. Modelo comparativo: si no hay comparación no hay emoción ni decisión. Sistema de visión de géneros: las mujeres tienen visión panorámica (un anuncio con más elementos es mejor recibido), mientras que los hombres tienen visión de túnel (requieren pocos elementos, de una publicidad que vaya al grano). Comunicarse en metáforas: las metáforas son lo mejor recibido por el cerebro porque el cerebro piensa en imágenes y no en palabras. El negocio de los publicistas es crear metáforas que el cerebro disfrute y permita que la persona se enganche inmediatamente.

La neuropolítica tiene o tenía entre nosotros un representante muy publicitado: el ecuatoriano Jaime Durán Barba, que no dejó títere con cabeza ni político con bigote, como la muestra de que un elemento visual en la cara no favorece su imagen.

Surgen al mismo tiempo que estos desarrollos los lineamientos de una neuroética y neurobioética –dentro de este amplio cúmulo de neuroneologismos- que buscan atemperar excesos.

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