“No habrá ninguno igual, no habrá ninguno”

No se debe escribir bajo emoción violenta, es contraproducente para la lógica disposición de palabras que nos va entregando gentilmente el sentido común, que veces lo hace a caudales y otras en cuentagotas. Este es una de esas veces donde cualquier intento de garabatear una palabra para un escrito se estrella inexorablemente contra la emoción, como si se tratara de un Titanic enfilando su proa hacia un iceberg sabiendo que después del choque,  ya nada será lo mismo.

Sergio Alcázar

Uno pensaba, divagaba en la locura de la muerte –cada vez me parece más absurda – de Diego Maradona que de a poco se iban a ir normalizando los sentimientos, cuando esa “ficha” cayera y nos terminaríamos de dar cuenta que nos quedamos sin el ídolo, sin el crack, humanamente crack, porque en definitiva era humano, frágilmente humano, todo cobraría algún sentido.

¿Como encontrarle un significado a su pérdida? y como comprender los porqué de su partida, basta con parafrasear la letra de un tango de Homero Manzi para poner a resguardo de todo olvido a su estrella “No habrá ninguna igual, no habrá ninguna” y reconfirmar esa sentencia al recorrer el largo camino de esta dolorosa e incipiente extrañeza: “No habrá ninguna igual, todas murieron en el momento que dijiste adiós”.

Fue una larga noche de insomnio porqué las infinitas imágenes de un mundo que llora su muerte han impedido conciliar el sueño, me doy cuenta que no resulta caprichoso ver el inmenso respeto y cariño que generaste, sembrando en cada rincón del planeta las semillas de la admiración y el reconocimiento, hoy en la dolorosa cosecha  que provocó tu anticipada muerte, recibís esas demostraciones de afecto que solo sirven para enaltecer aún mas la grandeza de tu nombre y el legado de tus hazañas futboleras que jamás tendrán fecha de vencimiento.

Maradona decidió siempre plantarse del lado de los desafíos, para ir una y otra vez contra lo que consideraba injusto, así fue como sin miedos cargó contra la FIFA, la AFA, y hasta con muchos de los estamentos de la política, si fuera necesario. Esa temeridad propia que acunan los ídolos,  fecundada quizás, en una infancia repleta de necesidades, esas carencias que en definitiva forjaron su temple y su talento.

Hoy el planeta le rinde tributo a Diego, padece el dolor por tener que despedir a ese Dios mundano que habitó entre nosotros y que llegó a esta vida con la simple misión de regalarnos trazos de una alegría sin tiempo. No se debe escribir bajo emoción violenta, no es conveniente, porque al transitar por los caminos de la tristeza, esa que hoy nos obnubila y que tal vez me impide ser totalmente justo con tu recuerdo.

Perdón Diego si no fui digno, se que los ídolos nunca mueren, es mi único consuelo…..

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