Tablada: “El barrio donde las balas hablan”.

El Barrio “Tablada” por siempre padeció el estigma de la “mala prensa”, un barrio de casas simples, humildes, de gente trabajadora, de fútbol y potrero. Una barriada que supo disfrutar de las “juntadas” de amigos en los atardeceres en cada esquina, de chicos corriendo en las veredas hasta altas horas de la noche y de reuniones de vecinos en la puerta con el “mate” como compañía infaltable.

Sergio Alcázar

Tablada es un barrio olvidado, detenido en el tiempo, ajeno a toda señal de progreso, el estado lo ha dejado librado a su suerte, no le ha prestado la debida atención como para brindarles a sus vecinos una mejor calidad de vida, esa que merecen y que aun con esperanzas siguen esperando porque para sus habitantes el “rencor” no existe.

Hubo un tiempo que las disputas de guapos en el barrio se dirimían a los “golpes de puño” como una manera de “saldar cuentas” y no pasaban de eso, de quitarse las “broncas” con algunos magullones como resultado inevitable y ahí todo quedaba, sin odios. La droga siempre sobrevoló su imaginario, el negocio tuvo su lugar en el mundo, pero nunca eso generó “ajustes de cuentas” y muertes absurdas.

La aparición del “Pájaro” Cantero marco un quiebre en su historia, Tablada empezó a sufrir los avatares del narcotráfico, las peleas de bandas por el territorio, la llegada de nuevos competidores de origen peruano, colombiano, boliviano y paraguayo rompieron los códigos fundacionales del lugar y sobretodo se desentendieron de una premisa que hasta entonces era “no negociable e intocable”: “respetar a la gente que vive en el barrio”.

Por estos días Tablada es sinónimo de balaceras, de sicarios en motos, de ajusticiamientos permanentes, eso causo dolor, mucho dolor. Transitar por sus calles es toparse con la angustia, con el sufrimiento que provoca en la gente la sensación permanente de supervivencia, el temor de salir a la calle a cualquier hora, porque la muerte ronda sus calles, y no es necesario que existan motivos para encontrarse con ella.

Las estadísticas asustan, las muertes se amontonan con el paso de los días, el sonido de las balas por la noche es algo naturalizado para su gente, “nuestra vida se ha convertido en una ruleta rusa” reniega una mujer en Biedma y Esmeralda, en referencia a esa bala que aguarda en el tambor a ser disparada buscando un nuevo destinatario.

Colon, Centeno, Presidente Quintana, Grandoli, Garibaldi, Esmeralda, no son solo nombres de calles, están emparentadas con la muerte, tanto que allí la vida no vale nada, o menos que eso. Provoca profunda tristeza este presente de un barrio que supo ganarse el respeto y admiración de la ciudad, porque la valentía bien entendida y la calidez de su gente marcaron a fuego su historia y dieron forma al “mito” que sostuvo su merecido reconocimiento.

La populosa “Tablada” sufre sus días, contando victimas, esperando muertes, como si fuera una “maldición” impuesta por el destino, mientras sus vecinos aguardan por otra vida, añoran recuperar la tranquilidad perdida, esa que disfrutaron hace muchos años pero nunca reniegan de lo que viven, es mas,  están orgullosos de mantener intacto su “sentido de pertenencia” aunque el dolor los atraviesa, están dispuestos a seguir resistiendo, saben muy bien ellos que Tablada se ha convertido en un lugar invivible y peligroso, un barrio “donde las balas hablan y mandan”.  

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