Pensar colectivamente es reconocer los derechos de los animales

Durante años, el debate sobre si los animales son capaces de sentir emociones complejas interpeló a la comunidad científica. Luego de diversos estudios, se pudo probar que son seres sensibles, por ejemplo, los cerdos tienen una inteligencia similar a un ser humano de 3 años, las ovejas pueden reconocerse entre sí y las cabras pueden manifestar frustración cuando no son alimentadas o están lejos de su manada.

Entonces, si los animales son seres sintientes que pueden experimentar dolor, miedo, comodidad o alegría, al igual que los seres humanos, ¿no es momento de replantearnos nuestra relación con ellos? 

Si bien existe normativa nacional en materia de protección animal, como la Ley 14.346, que protege a los animales del maltrato y la crueldad y estipula penas para quien cometa estos delitos, los animales continúan siendo tratados como mercancía, criados y explotados para el beneficio humano, obligados a pasar sus vidas en granjas industriales donde se los daña emocional y físicamente, al encerrarlos en pequeñas jaulas o espacios sin ventilación ni luz solar, privarlos de alimento suficiente y separarlos de sus pares.

En ese sentido, en junio de este año, la Unión Europea declaró la intención de desarrollar leyes de protección animal, en las que se prohíba las jaulas en la explotación de algunas especies como conejos, gallinas y patos para el año 2027, lo que contribuiría a lograr cierto bienestar animal pero no erradicaría el sufrimiento. Los animales merecen que sus derechos sean reconocidos y respetados.

Jaqueline Guzmán, gerenta de Campañas de Million Dollar Vegan en Argentina, organización internacional sin fines de lucro que busca promover una alimentación a base de plantas para la salud, el medioambiente y los animales, explica: “Este es un avance muy importante en materia de derechos animales, ya que los escenarios donde los animales puedan pararse, darse la vuelta y tener mayor movilidad reducen el sufrimiento que padecen en estas condiciones. Sin embargo, las organizaciones que abogamos por el cese de la explotación animal y consideramos que el especismo es un sistema de opresión que debe ser cuestionado y derribado, creemos que todavía queda un largo camino para que los animales puedan finalmente ser considerados moralmente”.

“Una producción alimentaria global a base de plantas podría reducir las brechas socioeconómicas, alimentar a más personas y de forma saludable, reducir el impacto medioambiental, y terminar con la explotación animal”, finaliza la vocera. 

Por lo tanto, elegir una alimentación vegana no solamente colabora a minimizar el impacto negativo en el medioambiente, también ayuda a erradicar el sufrimiento animal, respetando y reconociendo el derecho de otras especies de habitar el planeta que compartimos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *